Pentecostés, B: ¡Dejémonos renovar por el Espíritu Santo!

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Cincuenta días después de Pascua de resurrección, celebramos este domingo la fiesta Pentecostés. Es la fiesta de la venida del Espíritu de Dios sobre los apóstoles y es nuestra oportunidad de dejarnos guiar por Él. Es fiesta del nacimiento de una Iglesia de la diversidad que se deja animar y transformar por el dinamismo de un mismo Espíritu. Es la fiesta de una Iglesia en la que las diferencias de idiomas, razas, pueblos constituyen una riqueza para la alabanza del único Dios que nos ha salvado por Jesucristo, nuestro Salvador.

“Ven Espíritu Santo, y envía desde el cielo el rayo de tu luz. Ven Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tu eres descanso en el trabajo, templanza en las pasiones, alegría en nuestro llanto…” (Secuencia de Pentecostés).

En los días que vivimos, necesitamos más empuje del Espíritu de Dios para que renueve la faz de la tierra. O mejor dicho, necesitamos abrirnos a las llamados del espíritu divino así podremos llegar a ser siempre y en todo lugar, hombres y mujeres de bien, de unidad y de paz. Cuando los problemas de la vida cotidiana pesan sobre nosotros, podemos estar seguros de que Él nos asiste. Con mayor fuerza, debemos buscar iluminarnos con su luz para que disipe los miedos y temores causados por la desconfianza.

El apóstol Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir: Jesús es el Señor” si no está impulsado por el Espíritu Santo. Ciertamente hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu… En cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común” (1Cor 12, 3-7).

Pues, el Espíritu nos pone en el camino de la construcción de una comunidad de hermanos que se saben vinculados por el amor que nace de Dios en quien formamos “un solo cuerpo”, ya que todos bebemos del mismo Espíritu” (1Cor 12, 13).

Entonces ¿por qué surge la división entre nosotros, entre los miembros de una misma familia, de una misma comunidad, de una misma Iglesia? ¿No será porque no hemos sabido dejarnos guiar por el Espíritu de Dios? “Porque el Espíritu nos vivifica, dejémonos guiar por el Espíritu” y vivificaremos a muchos otros(as). Dejémonos guiar por el fuego del Espíritu de Dios y ayudaremos, respetaremos, animaremos a otros.

Que así como los apóstoles “se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse…” (Hech 2,4) que también alcancemos a hacernos entender por todos porque desde nuestra fe somos tocados por la amistad de Dios. Y que hoy sepamos vivir de los dones del Espíritu Santo para que, al vernos, todos se pregunten: ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? ¿Cómo es que yo que no pienso igual que ellos me siento respetado y considerado por ellos? ¿Cómo es que yo que no tengo los mismos gustos que ellos me siento valorado por ellos? Cantemos: “Espíritu de Dios, llena mi alma, llena mi vida, llena mi ser…”

P. Bolivar Paluku Lukenzano, aa

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