SAGRADA FAMILIA, B: ¡Gracias Señor Dios por el don de la Familia!

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La fiesta de la Sagrada familia de Jesús, María y José que celebramos hoy es una oportunidad de valorar una vez más nuestras propias familias, ¡cualquiera sea su situación! Dios cuando se nos acerca, cuando irrumpe en nuestra historia, siempre lo hace desde un ámbito comunitario. Por lo mismo, se encarna tomando parte de una familia y de una tradición humana…y en este caso de una familia de José, un simple carpintero, descendiente de David.

De este mismo modo, él se elige un pueblo al que él mismo promete bendiciones. La vocación de Abrahán por parte de Dios, está ya relacionada con esta constitución de un pueblo, de una familia de Dios…

La primera lectura del Génesis (15, 1-6; 17, 5; 21, 1-3) nos relata cómo Dios cambia la vida de Abram ya avanzado en edad, le promete una gran recompensa de una descendencia. El Señor hace un pacto con Abraham, prometiéndole una descendencia numerosa como las estrellas del firmamento. Algo es fundamental en todo eso, la fe y la obediencia del patriarca que pasa de ser “Abram” (=padre exaltado) para ser Abraham (=padre de muchos) quien cree en las promesas de Dios. Es en la familia de Abraham que se manifiesta el Dios, Señor de la historia que cumple sus promesas en la familia de David en la que nacerá Jesús…

El salmo (104,1b-6.8-9) nos recuerda que el Señor se acuerda eternamente de su alianza. Vale darle gracias y alabar su nombre a la vez no debemos olvidar las maravillas que nos regala día tras día.

La segunda de lectura de la carta a los Hebreos (11, 8.11-12.17-19) recuerda la alianza del Señor Dios a Abraham y la obediencia de éste que le movió a salir de su tierra para tomar posesión de aquello lugar que Dios le prometió. También se hace memoria de la fe de Sara que fue favorida, gracias a su oración, con la gracia de concebir a pesar de su avanzada edad.

El evangelio según san Lucas (2, 22-40) nos presenta la Sagrada familia cumpliendo con un ritual de la tradición de la familia en la que Jesús se encarnó. Es importante notar que para Dios, la familia tiene un lugar central en la realización de su plan de salvación. Que la sagrada familia realice lo prescrito en la ley, es signo de que Dios se sirve de nuestras organizaciones humanas, sociales para regalarnos la felicidad que esperamos de él. Dios nos toma en serio.

En su familia, Jesús es un niño de sorpresa; Simeón- un abuelo fiel a la tradición de su pueblo- recuerda a María que Jesús es un niño particular: Jesús es la luz que ilumina a las naciones. Y, a la vez, es ese niño que será causa de caída y de elevación para muchos en Israel…”. María santísima guarda todo en su corazón dispuesta a entregar su sacrificio de madre al acompañamiento del Hijo de Dios hasta el final de su vida. Hoy, cuando se desdibuja el valor de la familia, debemos aprender de la sagrada familia, no solo su unión sino también el cariño, la fidelidad y el respeto de los vínculos que nos une tan solo por amor.

¡Que Jesús, María y José sean para nosotros la fortaleza y el ejemplo de participar de la vida de Dios en nuestras familias! También, ¡que el ejemplo de José y María nos sirva para alzar la lealtad y la confianza en nuestros familiares por encima de los intereses individualistas!

P. Bolivar PALUKU LUKENZANO, aa.