Domingo XI, B ¡Qué bueno es contar siempre con nuestro Padre Dios!

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En este domingo, la liturgia de la palabra presenta una convicción: Dios está siempre presente en la vida de su pueblo. Su presencia silenciosa hace germinar la vida. Las lecturas de Ezequiel 17, 22-24 y del Evangelista Marcos 4,26-34 presentan esta experiencia de Dios por medio de una comparación del grano pequeño (de cedro y de mostaza) que llega a producir frutos; y por ende, que llega a ser beneficioso para muchos. Dicho granito puede germinar y desarrollarse independientemente de lo que haga el que sembró. Éste sólo tiene que confiar en la Providencia de Dios. Él es quien hace crecer su reino en el día a día de su pueblo.

En efecto, la primera lectura refiere a Dios como quien fortalece la vida de su pueblo; Él es quien planta “un cedro magnifico; bajo el cual descansarán las aves de todas las especies, se cobijarán bajo sus sombras” (EZ. 17, 23). Con el salmista, podemos comprender que es el mismo Dios quien hace que “el justo florezca como una palmera,… como los cedros del Líbano” (cf. Sal 91, 3). San Pablo refuerza más todavía esta convicción: En el Señor “nos sentimos plenamente seguros”, cuando con nosotros va el Señor; y es a Él a quien queremos agradar en todo momento (cf. 2Cor 5, 6ss). La intencionalidad de nuestras obras ha de buscar agradar a Dios. Es el rey justo. Quiere reinar en nosotros: de una manera sigilosa, va haciéndose presente en nuestras vidas, incluso en aquellos momentos difíciles y complicados. Con Él y desde Él hasta entendemos que la muerte es un “nacer” al Reino de la vida eterna.

Su Reino se manifiesta sencillamente al igual que una semilla que, sin emitir ruido, germina en paz y en silencio, con pequeñez y humildad. Se transforma poco a poco al mismo tiempo que impacta nuestras vidas. Este Reino de Dios se parece a “una semilla echada en tierra”, “se parece a un grano de mostaza, pequeño, pero que produce mucho” (Mc 4, 26ss). Con esto, Dios desafía nuestras expectativas: ¿En qué ponemos nuestra fe, en su presencia o en  nuestra propia fuerza? ¿De  qué manera agradecemos a Dios su fuerza espiritual que nos protege, nos sostiene por la acción de su Espíritu de amor?

¡Qué bueno que nos toque meditar este evangelio sobre la semilla del Reino de Dios, en el día en que saludamos a los padres!  Su semilla de vida nos sostiene así como nacemos de la semilla de la vida de nuestro padre biológico. Como la presencia divina nos da vida, la presencia silenciosa de un padre es tan importante en  el crecimiento de sus hijos. Claro que, a veces no a todos se les ha concedido ese privilegio. De todo modo, entendemos que Dios es Padre por ser fuente y origen de la Vida, y está siempre con nosotros. Porque sabemos que cuando un padre cumple bien su tarea, su vida llega a ser significativa en la vida de sus hijos, de su familia y de sus semejantes.  Como Dios es un Padre fiel, cercano, tierno, preocupado de sus creaturas, también la vida de un padre de familia debe buscar a ser capaz de preocuparse de los suyos, cuidar su vida y su salud física y espiritual. Dios es ejemplo de bondad, un padre de familia ha de ser un ejemplo de entrega y de generosidad para con  los suyos. Dios se alegra del crecimiento de cada de sus fieles como un padre de familia festeja cuando a su gente le va bien. ¡Que Dios nos ayude a ser capaces de caminar en su presencia cada día! ¡Que en todo lo que hagamos sepamos dar gracias al Dios, Padre de la vida que nos guía en el camino de la verdadera vida! ¡Que no descuidemos, la semilla del Reino que debemos seguir cultivando en nuestras decisiones, actitudes y en nuestras maneras de hablar, de pensar, de tratar.

P. Bolivar PALUKU LUKENZANO aa.-