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Santiago, Chile
Martes, Mayo 30, 2017
Padre Benoit Griere, A.A.

Responder a esta pregunta es hablar de una historia larga, es mirar el camino que he realizado desde que realicé mi primera profesión a los 33 años. Yo soy religioso asuncionista porque nací en una familia donde la fe cristiana me fue dada en lo cotidiano. Tempranamente entré en contacto con profesores sacerdotes y religiosos que me hablaron de Jesús. Pero pasar de una fe heredada a una fe personal me tomo tiempo. Siendo joven me sentí llamado a ser religioso. En este tiempo yo no conocía a la Asunción.

Más tarde, fui madurando el llamado y pude confirmar primero mi vocación a la vida religiosa y después el deseo de ser sacerdote.

Hoy día, soy feliz de ser asuncionista. Desde que entré a la congregación, nunca me he arrepentido de la opción que hice. Soy asuncionista porque encontré una familia apasionada por el Reino de Dios. Una pequeña familia diversa y que tiene la suerte de tener hermanas gracias a las congregaciones femeninas de la Asunción. Soy asuncionista porque el espíritu que llamó al Padre d’Alzon, creó una congregación que continua hoy actuando en el corazón de los hombres. Una familia donde queremos estar disponibles para el Reino y audaces para el Evangelio. Amo a la Asunción porque tenemos pasión por Dios y los hombres. D’Alzon nos dice que nuestra razón de ser es la extensión del Reino de Dios en nosotros y alrededor nuestro. Ser asuncionista es dejar que Cristo viva en mí y servirlo con todo el corazón. Soy feliz de vivir en comunidad y de tener un gran número de hermanos a través del mundo. Es una suerte vivir la internacionalidad. San Agustín es también un gran hermano que nos ilumina y que nos permite seguir a Cristo día tras día. El asuncionista es un hombre que ama el mundo que quiere que sea un lugar bello y que cante la gloria de Dios.

Padre Ricardo Tong Soto, A.A.

Soy asuncionista porque conocí a un asuncionista que supo acompañarme en mi búsqueda vocacional y supo mostrarme la Asunción como familia formada de hermanos que son capaces de amarse, respetarse y, aún más, tolerarse en sus errores y debilidades.

Posteriormente fui conociendo a nuestro fundador y sus sueños para con nosotros y eso me atrajo en su universalidad, diversidad y pluralismo, lo cual permite que nuestra congregación tenga espacio para todos los talentos, inventivas e iniciativas.

Finalmente me hice asuncionista porque sin saberlo, pero al conocer un religioso que verdaderamente encarnaba los ideales del padre d’Alzon, me inicie en un carisma y espiritualidad, que con el tiempo fui tomando conciencia y amando.

Cristo es mi centro y por Él amo a la Iglesia y a la Virgen María, y estos tres amores me llevan a construir un reino de Dios proféticamente, junto a una comunidad de hombres que nos aceptamos diferentes, pues es más fuerte lo que nos une.

Padre Bolivar Paluku Lukenzano, A.A.

Me hice asuncionista porque siento que Dios me ama y que sería injusto guardarme lo que Él realiza cotidianamente en mi vida. Porque vale la pena comunicar lo bueno que Jesús ha sido conmigo. O sea, conocí a los religiosos asuncionistas en un grupo de Scout, ligado a la Iglesia católica, en un pueblito del interior de la Republica democrática del Congo, en los afueras de la ciudad de Butembo (al Este de la R.D. Congo).

Estos amigos asuncionistas me enseñaron que nadie puede amar a Cristo sin querer que otros lo quieran. ¡Sería injusto no! Y me llevaron a visitar a unos ancianos, unos enfermos que vivían solos y a ayudar a tantas gentes que se encontraban necesitadas de muchas cosas: con ellos íbamos a llevar agua, leña y alimentos a los que vivían solos. Ahora bien, lo que siempre me llamó la atención es que estos asuncionistas se metían en todo para el bien de todos. Me explico: siempre estaban allí donde la gente quería ser escuchada, donde los hambrientos, donde los abuelitos que vivían solos, donde los jóvenes que querían que alguien los escucharan y valoraran lo que hacían y soñaban. Me sentí interpretado por eso y creí que, incluso mucha gente de varias regiones del mundo podía beneficiar de esta opción por el servicio para que el Reino de Dios se haga realidad aquí en nuestro mundo.

Ciertamente que eso fue para mí un motivo para desinstalarme y decidir que sí, vale la pena seguir a Cristo en el servicio del anuncio de la Buena noticia. Es así que no me resistí a hacerme asuncionista. Hoy, me siento feliz de ser Asuncionista.

Colaboro de todo corazón con la misión de mi congregación en Chile donde estoy desde hace una década, ¡lejos de mis tierras natales, pero contento en fin, ya que estoy en familia con la cercanía y el apoyo de mis hermanos! Y cada vez realizo que el modo asuncionista de vivir en comunidad respeta las habilidades personales, las potencia, y estimula la diversidad como una riqueza de los que integramos la comunidad para que Dios sea conocido en todos los rincones del mundo. ¿Quién puede resistirse a tal desafío de vivir el legado del Padre d’Alzon, según el cual por amor a Cristo y para extender su Reino, “este mundo debo amarlo y evangelizarlo”?

Padre Luis Ramón Rendón, A.A.

Por qué me hice asuncionista. Lo que puedo decir hoy, 45 años después de haber ingresado en nuestra casa de formación de Olivos es “por qué me fuí haciendo asuncionista”.


Cuando entré al seminario de nuestra congregación poco sabía de ella, solo estaba en mi motivación el simple deseo de responder a un llamado del Señor que me indicaba el camino de una entrega total en el sacerdocio, solo quería ser cura. Con los años fuí descubriendo, primero la vida religiosa, luego la Asunción. Siempre estuve contento de pertenecer a ella por dos razones que sí fueron descubrimientos para mí: la vida comunitaria y el apostolado.


En mi época no existían etapas de formación como ahora, yo simplemente ingresé, a los 23 años al noviciado que teníamos en Las Condes, Chile. La vida comunitaria fue mi primera atracción y me di cuenta que sería algo fundamental en el tipo de vida que había elegido, nunca sentí deseos de otro tipo de vida, ya fuera monástica o de sacerdote secular.


Lo que también marcó desde el comienzo en mí “hacerme asuncionista” fue el apostolado. Desde el comienzo una evangelización se me planteó. Las misiones y el trabajo parroquial guiado por buenos formadores me fueron marcando. Ya como estudiantes participábamos en la vida apostólica. Esto con una gran apertura al mundo y a la sociedad. También la gran libertad con la que podíamos ejercer el apostolado, las misiones, los grupos, etc.
Entre vida comunitaria, rigurosa en cuanto a la comunicación y el compartir, y apostolado variado fui descubriendo la Asunción.


El P. d’Alzon no nos era muy conocido en aquellos años, la congregación tampoco en su nivel internacional. Estábamos más preocupados por los estudios y los acontecimientos del país que por la congregación. Esto era algo común; en realidad no teníamos puesta la mirada en la Asunción, sí en la Iglesia y en los acontecimientos del mundo de esa época.


Fue a partir del centenario de la muerte del P. d’Alzon que comenzó a despertarse un mayor interés por la Asunción, del fundador y de su espiritualidad. Allí sentí que crecía el interés por la Asunción, sobre todo por la actualidad que tenía el P. d’Alzon y la espiritualidad de la congregación. Desde entonces, fuí haciéndome más asuncionista. En el descubrimiento de personas, textos, acontecimientos de la historia, etc, me dí cuenta que pertenecía a una gran familia.


Y como siempre estuve cercano a los laicos en todas las tareas, eso me hizo crecer también en compromiso. Y me dí cuenta, sobre todo hoy, que ellos no son un “agregado” a la Asunción, sino parte de ella, lo cual ensancha los horizontes y permite ver la amplitud del carisma de la Asunción, centrada en la intuición original del P. d’Alzon que soñaba con esa gran familia de religiosos y laicos.


Por eso no digo “me hice asuncionista”, digo “me estoy haciendo…”. Todavía hoy, a pesar de los años, confío en el P. d’Alzon y veo la riqueza de su persona y acción, para hoy y para el futuro.


Así es, entonces, en el vivir día a día la Asunción, me voy haciendo. Esa es mi manera de ver.

Santos Lugares 8 de noviembre de 2011.

Padre Marcelo Marciel, A.A.

Es una pregunta que no me hago habitualmente, pareciera que muchas veces no quiero pensar sobre la realidad que vivo y solo quiero sentir; cuando hablo de sentir, hablo de una experiencia que lo envuelve todo, es la certeza del llamado de Jesús, me siento amado por él y dispuesto a comprometer no solo una parte de mi vida, sino la totalidad de ella en este seguimiento.

¿Por qué en la asunción? Por qué es el lugar que Dios escogió para mí, es parte del misterio. Un día dije “sí” al proyecto de Dios y todo lo demás ha venido por añadidura. He recibido una familia, hermanos, hermanas y lo más importante la posibilidad de amar sin limitaciones, libre, generoso, disponible.

La Asunción es un don de Dios para la Iglesia y como tal los asuncionistas somos parte de un cuerpo formado por la diversidad, traspasados por el pecado y sostenidos por la gracia. Soy asuncionista porque aquí encontré al Señor, aquí el Señor me miró con cariño, me amó y me llamó y no necesito nada más. Todo aquello que se ama se construye lentamente y no está exento del sufrimiento, también la asunción ha sido un lugar de maduración, de crecimiento, de debilidad y de dolor. El Padre d’Alzon ya nos señala esto: “Lo que me pides es duro tal vez, pero ¡Qué importa con tal de que yo llegue a mi verdadera meta que no es otra que tú mismo”.

Tengo la firme convicción que no estoy solo y esto lo llevo grabado en el corazón, solo me queda agradecer como San Agustín: “Que podría devolver al Señor que no me hubiese dado primero” lo he recibido todo y solo quiero cumplir mi vocación siendo testigo de lo que he visto y he oído. Un amor que es verdadero no muere, se queda muchas veces dormido, pero la belleza de su paso despierta en nosotros el ansia de recuperar lo que sentimos alguna vez. No quiero dejar de sentir y soy asuncionista porque aquí tengo esa posibilidad, aquí encontré mi bien mayor.

Padre Pedro Pedraza Zorro A.A.

Desde un punto de vista vocacional, soy asuncionista porque me he sentido llamado por Dios a seguirle desde la vida religiosa en esta mi familia.

Desde un punto de vista comunitario soy asuncionista porque en mi búsqueda humana y cristiana siempre ha estado el compartir mi vida con otros en la experiencia del amor fraterno y en la Asunción se me ofrece esta posibilidad como don y como tarea cada día. Me importa la vida comunitaria y en este tiempo es uno de los grandes desafíos que generan alegrías de sentirme querido y acogido, con mi vulnerabilidad como persona, pero también de decepción, cuando en el día a día no nos dejamos apasionar por este estilo de vida en comunidad que nos aleja del ideal de la comunidad apostólica.

Desde un punto de vista de la misión soy asuncionista porque se me ha ofrecido un horizonte misional amplio y diverso, desde el cual puedo prestar un servicio en la Congregación y en la Iglesia y el poder trabajar con hermanos me sostiene en mi fragilidad y me potencia en las iniciativas por anunciar el Reinado de Dios.

Desde la vivencia de los votos soy asuncionista porque quiero vivir la pobreza evangélica desde la experiencia del trabajo generoso y desinteresado por amor a Cristo. Quiero vivir la experiencia de castidad en el amor a Dios y a los hermanos, entregando toda la vida que Dios me ha regalado para vivir el amor fraterno. Quiero vivir mi obediencia comprometiendo mi voluntad en el dialogo responsable y verdadero en disponibilidad al proyecto común. Soy asuncionista porque quiero vivir un estilo de vida religiosa de manera sencilla y austera.

Desde un punto de vista carismático soy asuncionista porque este carisma, en la figura del P. d’Alzon, de su historia, de su espiritualidad y de su misión me ha seducido y me ha llevado a enamorarme de mi familia religiosa, con su fragilidad y también con su pecado, pero que es mi Congregación de la cual me siento orgulloso y de la cual he recibido mucho.

En esta última etapa de mi vida puedo decir que soy asuncionista porque he encontrado un espacio y unos medios que me ayudan a crecer como persona, como cristiano, como religioso y como sacerdote que me capacitan para dar una respuesta apasionada al llamado del Señor.

Hermano Francisco Sepúlveda Contreras, A.A.

No es difícil expresar por qué soy asuncionista, porque simplemente he querido hacerme cargo de la primera vocación humana, la más básica, de ser feliz. En un momento de mi vida hice conciencia de esta búsqueda fundamental y Dios se encargó de hacer el resto,

Él fue el que me sedujo a través de la vida religiosa asuncionista a tal punto, que no me fue difícil dejar un camino ya recorrido donde las proyecciones parecían acabadas, prosperidad a raíz de mi profesión de Ingeniero Civil Industrial, pero me di cuenta que eso no me bastaba, así que accedí a esta novedosa y aventurera propuesta.

No puedo decir que ha sido fácil, pero me siento fiel a mis búsquedas, con Jesús dando sentido a mi vida y siempre dándome ánimo y fuerzas para vivir con sentido, creyendo que mi vida puede ser testimonio de trabajo por el reino de Dios, y dando cuenta que este reino es una posibilidad muy cierta en este mundo concreto que vivimos. Ahora sigo caminando, con todo lo que soy, con aciertos y desaciertos, pero convencido que Jesús es una opción, y mi opción, muy válida, y ánimo al que lea esto a que se atreva a emprender sus caminos de búsquedas de felicidad, y descubriendo la consagración como un camino posible dador de sentido para la vida.

Padre Miguel Fuentealba Melo, A.A.


¡Difícil conocer las razones por las cuales llegué a la Asunción!
Creo que Dios lo quiso así porque más que elegirla me siento elegido por ella.


De niño, pertenecí y participé siempre a una parroquia asuncionista y estudiaba con los salesianos. San Juan de Matta, en Concepción, fue mi parroquia desde que nací: me bautizaron, hice la primera comunión, me confirmé en ella y ahí me desempeñé como acólito. Me llamaba la atención la manera de ser de los sacerdotes que en ella trabajaban. Y como siempre tuve el deseo de ser sacerdote, mi elección por los asuncionistas ya estaba tomada. En el Colegio salesiano me invitaban también a su seminario; otro me decían que entrara al seminario diocesano de la ciudad…. Pero yo quería ser asuncionista. Y me fui entonces a ese seminario que estaba en la ciudad de Rengo, lo que hoy es el Monasterio de las Benedictinas.

Una vez ahí, no hice más que confirmar que ése era mi lugar y que ésa tendría que ser mi familia religiosa. Tan es así que pensaba que si alguna vez no seguía en la Asunción, no me iba a ninguna otra Congregación.

Y me quedé en la Asunción porque me sentí y me siento a gusto con el espíritu de familia que aquí se respiraba, porque las relaciones interpersonales eran fraternas y amigables, por la forma sencilla y cercana de anunciar a Jesucristo, porque me dio la posibilidad de realizarme como persona, como religioso y sacerdote sin imponerme nada que no fuera su espíritu de apertura a las realidades del diario vivir, un amor incondicional a Jesucristo, una fidelidad manifiesta a la Iglesia y un cariño entrañable a María, la madre de Jesús.


Soy asuncionista porque la Asunción me adoptó, me formó y me ha sostenido hasta hoy.

Hermano Ramón Gutiérrez Pavez, A.A.

¡Dios es quien llama!

Soy Asuncionista porque sentí el llamado del Señor y El mismo puso en mi camino las personas y los medios para que me desarrollara en la Asunción. Conocí a esta familia religiosa mediante la revista “El Eco de Lourdes”, en mi pueblo, Curicó.

Con el pasar de los años (ingresé a la Asunción el 17 de julio de 1966), fui descubriendo, por la ayuda de mis formadores y hermanos de comunidad que en esta familia religiosa me quería el Señor. Y esa fidelidad de Dios para conmigo, sigue siendo una realidad. No soy yo el que decide mi vida, es Dios quien me ha llevado y me lleva de su mano. Yo aporto con los dones que el Señor me entrega y claro, también freno su actuar por mis debilidades. Constantemente estoy recordando que en el día de mi profesión, el Señor me ha dicho: “Te basta mi gracia; mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad”. (2 Corintios 12, 9)

Y habiendo vivido tantos años en esta familia religiosa puedo decir que todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que vivo, es gracias a esta congregación: Los Religiosos Asuncionistas.

Invito a los que sientan el llamado del Señor a venir a la Asunción. Es una congregación querida por Dios. No es ni mejor ni peor que otra, pero es diferente, porque el Señor la hace diferente para enriquecer a la sociedad y a la Iglesia. Amando a Cristo y todo lo que El ama, construimos el Reino en este mundo actual.

Hermano Rafael Hidalgo Cabello, A.A.

Ante todo deseo manifestar mi felicidad porque soy un religioso hermano agustino de la Asunción. Me llamo Rafael, igual que el arcángel, mi protector, y siento que mi vida está destinada a servir al Señor y a mis hermanos, a ustedes todos.

Lo que se llama vocación, es decir, un llamado misterioso, pero siempre de Dios, es para mí un cumplimiento fiel como miembro de la Iglesia e hijo de Dios. Si tocara en algo la importancia de mi testimonio, puedo decir que a cualquier altura de nuestra existencia, sea de edad, de trabajo o de diversa ocupación, Él nos toca y acudimos a ese llamado.

Heme aquí como religioso, desde hace 20 años. Tuve la gracia de participar en esta querida parroquia de Lourdes, desde pequeño, en algunas pastorales y acogido por varios de sus religiosos asuncionistas. Pero siempre estaba el bicho, bueno en este caso, de ingresar a la vida religiosa de la Iglesia porque a ella pertenezco y la amo.

Les agradezco su gentileza por atender a este breve recuento de un hermano religioso; acá somos en la Congregación Asuncionista todos religiosos, ya sea sacerdotes o hermanos. Y así, con todos ustedes, procuraré que juntos atraigamos el Reino de Dios hacia nosotros para una vida importante, trascendente y feliz.

Mi Dios y mi todo.

Hermano Alejandro Godoy Vásquez, A.A.

Respondiendo a la pregunta, hay tres grandes motivos del por qué soy asuncionistas. El primer motivo que quiero expresar, descubrir una familia, en la cual he encontrado grandes hermanos que me han ayudado en mi camino vocacional y como religioso, todos buscando en común ser testigos del Reino de Dios, en medio de nuestras realidades en las que estamos insertos.

Segundo motivo es, el amor profundo al Señor, al Dios de la vida que para nosotros

es el centro de todo, este amor que traspasa el corazón de cada hombre y de cada mujer que ha decidido

seguir a Jesús en los diferentes estados de vida: en mi caso, el de ser religioso Asuncionista; siento en lo más profundo de mi corazón que Dios me ha llamado con todo lo que soy, con mis aciertos y desaciertos, pero tengo la convicción de que Él me ama.

El tercer motivo es el celo apostólico que he descubierto en la Asunción es el compromiso con nuestras pastorales, el deseo de dar a conocer al Dios de la vida que me moviliza para ser un verdadero testigo de Cristo en medio de nuestra sociedad. Estos son tres grandes motivos por la cual soy Asuncionista. Pero hay muchas otras cosas que no he mencionado que me hace ser posible este proyecto de vida, con mucha sinceridad. Si lees esto, pregúntate tú también, ¿Dios a qué me llama?, quizás a compartir tu vida junto a nosotros.

Padre Edgardo Muñoz Gutiérrez, A.A.


Por qué soy asuncionista? Precisamente porque se vivir con personas totalmente diferente que vibran con nuestro carisma de manera diferente. Como en todas partes, en la Asunción también hay problemas, pero en mi es más fuerte el llamado a vivir en la Asunción con los problemas y las muchas alegrías que le da el vivir en ésta, que es mi familia religiosa. Soy asuncionista porque Dios así lo quiso, porque la Asunción apareció en mi camino justo cuando sentí el llamado en una eucaristía. En los inicios todo era muy entusiasmante, con el tiempo se pone en juego la fidelidad del compromiso con el Señor y la Asunción.

Soy asuncionista porque así lo ha querido el Señor, y así es, porque yo no provengo de una parroquia o comunidad asuncionista. En la asunción he podido servir en todo lo que se me ha encomendado, en ella he podido ser un servidor de bajo perfil, pero un servido al fin. Soy un hermano agradecido de la Asunción, en ella he encontrado algunos hermanos, fraternidad, formación, y sobre todo responder a la llamada que me hizo el Señor en esta familia religiosa y no otra.